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La
displasia de caderas es un mal para tomar en serio, pues provoca intensos
dolores y el riesgo de quedar cada vez más inmóvil.
La lesión sólo logra confirmarse mediante radiografías después del año de
vida.
Canes jóvenes con toda
una vida por delante para jugar y correr, pero que de pronto empiezan a
comportarse cual perro viejo sin energías: les cuesta levantarse, muestran
un caminar tambaleante, cojean de sus extremidades posteriores, evitan
saltar o subir escaleras y, lo que es peor aún, sufren de mucho dolor.
Así es la displasia de caderas, una enfermedad progresiva que se presenta
cuando la articulación de la cadera no es congruente, es decir, cuando la
cabeza del fémur no es redonda y no encaja bien en su cavidad (o
acetábulo).
"Esto va creando fuerzas anormales que interfieren
con el desarrollo normal, originando cabezas femorales y acetábulos
irregulares, sobrecargando el cartílago y ocasionando microfracturas en
él, lo cual conlleva a una enfermedad articular degenerativa", explica el
médico veterinario y director de la Clínica Veterinaria Colón, doctor
Fernando Montoya.
Afecta principalmente a razas grandes en las que hay un rápido aumento de
peso y volumen, pero con un esqueleto aún inmaduro. De ahí que los San
Bernardo, Pastores Alemanes, Labradores, Golden Retriever y Rottweiler
sean algunos de los candidatos a padecer de este mal.
Si no se trata, un perro con displasia de cadera presentará probablemente
laxitud de la articulación y crepitación (sonido símil al del papel
celofán), atrofia de los músculos cuádriceps (el dolor le impide
ejercitarlos), e incluso hipertrofia de los músculos del hombro (pues el
can compensa apoyando más los miembros anteriores).
Diagnóstico tardío
A pesar de que se trata de un desorden congénito y altamente heredable,
éste suele evidenciar sus primeros signos después de los cuatro meses de
vida. "Cerca del sexto mes, los dueños generalmente notan que al cachorro
le bambolea su tren posterior y que tiene dificultad para echarse o
incorporarse. Pero, lamentablemente, la lesión sólo logra confirmarse
mediante radiografías después del año de vida", agrega el profesional.
Así y todo, aún se está muy a tiempo para actuar y no tener que pensar en
la posibilidad de la eutanasia.
Los tratamientos medicamentosos (con analgésicos y desinflamatorios) son
sólo paliativos, y la degeneración articular a menudo progresa si no se
realiza una intervención quirúrgica. Sin embargo, en Chile ya se están
realizando con mayor frecuencia cirugías como la artroplastia escisional
(amputación de la cabeza y cuello femoral), y la osteotomía pélvica triple
(rotación del acetábulo en pacientes jóvenes).
Cumpliendo con los estrictos cuidados médicos posoperatorios, el paciente
puede recuperar una vida normal en cuestión de meses. Esto, porque la
condición de cuadrúpedo del perro le permite compensar muy bien la
distribución de su peso, logrando con ello salir adelante, y sin cojear.
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